Reflexiones sobre: Y no nos dejes caer en la tentación

Una cosa es ser tentado y otra consentir en la tentación. Porque sin tentación ningún hombre puede estar probado para sí mismo, como está escrito: “Quien no ha sido tentado, ¿qué cosa puede saber?”. En consecuencia, no pedimos aquí que no seamos tentados, sino que en la tentación no sucumbamos. Como dice el Eclesiastico, que en el horno se prueban las vasijas de tierra y en la tentación de las tribulaciones, los hombres justos.

Lo notamos constantemente: Hoy hacemos algo, mañana y siempre, y poco a poco, se forma como una red que nos hace pensar ¡yo no salgo de esto!. Si Dios no ayuda con bondad especial, realmente se ha llegado al fin. A estas cosas roza la petición del Padre Nuestro: ¡Señor, no nos dejes llegar tan lejos, que nuestro desorden nos envuelva y no podamos encontrar la salida!. No permitas que lleguemos hasta ahí.

Las tentaciones de los discípulos de Jesús, son muy diversas. Satanás los ataca por todas partes, quiere hacerlos caer. Los tientan la falsa seguridad y la duda impía. Los discípulos, que conocen su debilidad, no provocan la tentación para probar la fuerza de su fe, sino que piden a Dios que no sea tentada su débil fe y los guarde en la hora de la prueba.

La prueba a que alude el Padre Nuestro es peligrosa y Jesús nos pone en guardia contra ella en Getsemaní: “Vigilad y orar, para que no caigáis en la tentación”. Jesús no ve posibilidad alguna para el discípulo que se apoya en sí mismo, en la carne, de salir indemne. Sólo el Espíritu puede darle la fuerza y el valor para resistir.

El Señor, vuestro Dios, os pone a prueba para saber si amáis al Señor con todo vuestro corazón y vuestra alma. Podemos trabajar el tema, a la luz de las tentaciones de Jesús (Mateo 4, 1-11). Son múltiples y valiosas las sugerencias que encontramos al respecto. El Padre tiene un proyecto de Mesías doliente, humillado y rechazado. El diablo propone el camino de la felicidad, el éxito y el poder. La tentación de un mesianismo polarizado en la esperanza terrena, popularidad, bienestar inmediato, bajo el signo de lo espectacular y milagroso. Nuestras tentaciones de poder, dominio y fuerza, en lugar del camino del amor y la libertad. Y no dejemos atrás la facilidad, seguridad, dinero, poder y fuerza…, esas son nuestras tentaciones.

Hay que reflexionar acerca de cómo nos llega hoy día la tentación, a través de la propaganda, la publicidad, la opinión pública, las modas. Analizar por qué medios y de que modo somos manipulados. Analicemos los valores y contravalores que son como el aire que respiramos.

Librarse de la tentación, no es encerrarse de una forma aséptica, aislarse y condenar todo. Precisamente porque somos de “aquí abajo”, todo puede ser tentación para nosotros. Y pedir la abolición de la tentación, sería como pedir la abolición del mundo. No estaría mal, apuntar las pistas que da Pablo en su carta seis a los Efesios, para superar la tentación, mirando la armadura del carcelero romano que le vigilaba en la prisión: Cinto, coraza, escudo, yelmo y espada….. . ¿Es así como va un Caballero y una Amazona Blanca Templarios?…. .
(continuará)

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