Si consideramos que la Biblia, al igual que otras Escrituras según la tradición, también fue escrita por Iniciados de las Escuelas de Misterios, debemos ir más allá de la narración de los hechos maravillosos de Dios, y considerarla como algo tan elemental, como es un manual para la instrucción de todos nosotros.

Entendiendo correctamente la Biblia, contiene información de gran valía sobre la evolución misma de la vida. En el Nuevo Testamento encontramos una descripción detallada de las pruebas y triunfos que tarde o temprano han de sobrevenirnos a todos los seres humanos, en el desarrollo de nuestras almas. Todo esto se observa alegóricamente en la historia de Jesús.

Es importante precisar que Jesús jamás hablo de sí mismo como un dios. Por el contrario, constantemente se refería a sí mismo como el Hijo del Hombre, y atribuía todo poder y gloria a Su “Padre en el Cielo”.

Los cristianos usan el nombre “Jesús” y el titulo “el Cristo” como si fueran intercambiables, con lo cual causan confusión. Es evidente que no lo son, ya que la palabra griega original, CHRISTOS, significa “ungido”, o sea, en el lenguaje de esos días, uno que ha alcanzado la más alta Iniciación posible en la Escuelas de Misterios. Jesús era un Cristos, lo cual significaba que el Espíritu Crístico estaba inmanente en Él. Pudo también llamársele Jesucristo, por ser el único Cristo a que se refiere el Nuevo Testamento.

La alegoría comienza presentando a los “padres” de Jesús, cuyo papel debe aclararse desde el punto de vista esotérico. María, la madre, representa el Alma del Hombre. En el Antiguo Testamento aparece como Eva, el alma hecha, por el Espíritu, de Sustancia Divina.

José, el padre, representa la mente, del “hombre”, desempeñando el mismo papel que otro José en el A.T. José conduce al niño y a su madre a la seguridad de la tierra de Egipto, tal como en otra época el otro José, nacido para ser una potencia en Egipto, condujo a su padre y a sus hermanos a la seguridad y la abundancia de aquella tierra donde él se convirtió en el caudillo de los israelitas y ejerció gran influencia sobre ellos, de modo que Egipto llegó a ser una gran nación.

La historia real se adapta una vez más a los propósitos de la alegoría. Cuando aquel antiguo José alcanzó la edad de 30 años (la edad judía de plena sabiduría), el mismo Faraón le reconoció su valía, bajo su dirección los Israelitas prosperaron, y cuando perdieron su ayuda cayeron bajo la esclavitud de los egipcios.

En la vida de Jesús aparece otro José para ocuparse de una tarea similar, la de guardar el bienestar material de un alma aspirante. Pero en vez de las generalidades del A. T., en los Evangelios se nos da un relato muy completo del progreso de un peregrino, con gran riqueza de detalles.

Con lo cual se nos permite ver la razón de la existencia del enigma del Nacimiento Virginal, que también se encuentra en la Biblia y en otras importantes escrituras antiguas.

(continuará)
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