Autor: Monseñor F.A.

¿Cuando el sumo sacerdote nos ordene que le digamos si somos el Cristo, mostraremos nuestro respeto, y le contestaremos que somos el ungido del Señor para realizar nuestra regeneración particular, y le dejaremos que nos ponga los hábitos sacerdotales?.

¿Cuando defendamos la Verdad, y nos acusen con falsos testimonios y hasta los nuestros nos abandonen y parezca que nuestras fuerzas se acaban … tendremos la valentía de entregar al hombre ilusorio para que se pueda liberar el Barrabás que llevemos en nosotros?.

¿Cuando nos encontremos débiles o confundidos, volveremos los ojos hacia el que nos consagró para ser sacerdote según la Orden de Melquisedec?.

Alguien nos dijo una vez:

“Bienaventurados los que sienten, que sólo uno mismo puede hacerse una ofensa. Bienaventurados los que hayan purificado suficientemente su corazón, para que pueda servir de espejo a la Divinidad, y la Divinidad pueda ser un espejo para nosotros. Bienaventurados los que sufren persecución por Mi causa, porque el enemigo sólo persigue a los que defienden la Verdad”.

Vivamos las facilidades que hay en nosotros.

· El Arca Santa está en nuestro interior; dejemos que sus virtudes conviertan el rocío en maná saludable que nos alimente, que haga brotar agua de nuestras rocas, que haga que caiga el fuego del cielo, que nos ponga en contacto con los ministros del Señor para que nos instruyan en las leyes sagradas que debemos poner en marcha. Vayamos conociendo la Tierra Prometida.

· Para recibir el maná, tenemos que elevarnos a las regiones Divinas, para que se abran las puertas y desciendan en nosotros sus aguas vivificantes. Dejemos que la misma Arca, el Arca de la Alianza, se encargue de decirle al Gran sacerdote de la Orden de Melquisedec, que nos ponga los hábitos sacerdotales.

· Podemos tener el privilegio de que la sabiduría, abarque primero nuestro primer corazón, después la cabeza, después nuestro segundo corazón, después nuestra totalidad. Podremos entonces decir con David: “Bendigo al Señor por haberme dado la inteligencia y enseñado en mi corazón. Veía siempre al Señor y lo tenía siempre ante mis ojos”.

· Habrá que esforzarse para que del alma de nuestros hermanos, salgan víctimas puras que puedan ser presentadas en el altar de los holocaustos; lo mismo que Job, limpiemos nuestras heridas para que el Espíritu pueda renovar nuestra sangre y devolvernos la salud, y podamos estar en los caminos de la Verdad; dejemos que aumente en nosotros la sensibilidad espiritual, que abra nuestro Ojo y nuestro Oído, para que nos pueda decir aquello de: “el que tenga Ojo para Ver y Oído para Escuchar”, ó, “ellos necesitan que les hable en parábolas, pero a vosotros os hablo directamente”. Que podamos entender cada vez más profundamente, aquello de: “Los que no sirven a su Dios mas que con la inteligencia, no conocen la Vida verdadera, porque solo viven en las imágenes. Es preciso que vuestro Corazón y todas las facultades de vuestro ser se activen, si queréis vivir en las realidades”.

· Tenemos a nuestra disposición, doce canales para la comunicación de la Luz y del Orden. Tenemos siete fuentes, que al reunir sus fuerzas desarrollan otras propiedades que no se interrumpen, porque es la Fuente de Vida la que las mantiene.

· Tendremos que estar atentos para “preparar los caminos”, haciendo que “el Espíritu talle y pula la piedra angular de nuestro Templo”, que es la raíz de nuestras siete fuentes sacramentales. Todas funcionan como una sola, si las dejamos; tienen una meta común , que es, comunicar lo sagrado; para ello tendremos que haber ordenado de nuevo nuestra Alma. Sobre esto “construimos la Iglesia”.

· Necesitamos cada vez más comprometernos, para que se nos pueda decir.- “¿has nacido fuerte?; ¿no es para proteger al débil?”; “has nacido rico?. ¿no es para poner tus bienes en manos del indigente?”; “¿has nacido con luces?, ¿no es para iluminar a quien esté envuelto en las tinieblas?”; ¿has nacido virtuoso?, ¿no es para reconfortar con tu ejemplo al que no tiene fuerza, y ayudar al errado a que rectifique?”
(continuará)

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