Aporta: Hna. M.L.A.+
¿Por qué nombra
Mateo a estas cuatro mujeres, y por qué son precisamente ellas importantes y no
otras mujeres más conocidas?. ¿Qué pueden aprender las mujeres y los hombres de
hoy de estas cuatro mujeres?. ¿Qué nos aporta para el desarrollo de nuestra
espiritualidad?. ¿Puede nuestra relación con nuestras antepasadas femeninas
fortalecernos en la fe?, y si la respuesta es positiva, ¿cómo?.
“Yo creo que Mateo,
ya en el inicio, presenta a estas mujeres, porque habiéndose visto en una
situación difícil han sido valientes desde su punto de partida y se convierten
en ejemplos dignos de ser imitados.”
En los diecisiete versículos de que
consta la “Genealogía de Jesucristo” con la que comienza el evangelio de Mateo,
nombra sólo a varones, respondiendo a los conceptos patriarcales de su tiempo.
En una relación en la que se nombran 40 hombres que engendran, la mayoría de
ellos más bien desconocidos, hay que escuchar muy bien o leer muy atentamente
para encontrar en el texto, junto a María (v 16) otras cuatro mujeres: Tamar
(v3), Rajab, Rut (v5), la “mujer de Urías”, o sea Betsabé (v6). Es algo
francamente extraordinario de esta genealogía.
¿Por qué menciona Mateo en su
genealogía a estas cuatro mujeres?.

Una respuesta tradicional de los exégetas ve en
ellas la coincidencia de que son pecadores, su
supuesta culpabilidad sexual. Esta interpretación dice más de los exégetas
mismos, de sus conceptos morales, de su imagen de la mujer que sobre estas
mujeres bíblicas. Mi ensayo demuestra que en el contexto bíblico ninguna
de las mujeres es considerada pecadora, mucho menos se habla de pecado en
relación con su vida sexual, sino que por el contrario su acción es vista muy
positivamente.

Yo creo que Mateo, ya en el inicio,
presenta a estas mujeres, porque habiéndose visto en una situación difícil han
sido valientes desde su punto de partido y se convierten en ejemplos dignos de
ser imitados.
Tamar es una viuda sin perspectivas de
cambio en su status, Rajab se ve a sí misma y su ciudad amenazada por los
enemigos israelitas, Rut es extranjera, no está casada y está expuesta a la
buena aceptación de su entorno, Betsabé debe digerir la violación de la que ha
sido víctima y el asesinato de su marido, y por otra parte ninguna de las
mujeres recibe un mensaje de Dios que les pueda apoyar.

Sin embargo, las cuatro mujeres
consiguen ponerse en movimiento, mejorar su situación personal y hallar un
puesto en la historia de Israel, hasta en la genealogía del mesiánico Rey de
Israel, David, en consecuencia de Jesús, el Mesías. Su esperanza, su valor, la
forma en que ponen por obra sus ideas las convierten en modelos.
Yo veo reflejada su acción en la
actitud de la mujer cananea en Mt. 15, 21-28. El relato cuenta que una cananea
anónima hace cambiar de pensamiento a Jesús. Ella se dirige a Jesús con
palabras del salmo, como lo hacían los y las orantes. Llamando a Jesús hijo de
David, lo reconoce como Mesías de Israel. Esta confesión recuerda el
reconocimiento de la también cananea Rajab. “Su palabra y la confianza que pone
en Jesús la presenta como una de las prosélitos o temerosas de Dios, de
aquellas que confiesan su judaísmo y su Dios. Conoce la tradición judía y
comparte la esperanza judía de la salvación del pueblo de Israel”.
Entiendo este pasaje como una pelea de
las comunidades mateanas en torno a la identidad judía como Pueblo de Dios
¿hasta dónde puede y debe alcanzar la acción del Dios de Israel y de su Mesías,
Jesús?. En relación a esta cuestión se pueden interpretar las narraciones de
Tamar, Rajab, Rut y Betsabé, como una respuesta a ¿es ella parte del pueblo? El
prolongado diálogo de Jesús demuestra a los discípulos ya la anónima cananea
que no había una respuesta inmediata a esta pregunta. “La respuesta inclusiva,
que la final es la verdadera, a la que por último se da la razón, se obtiene
habiendo porfiado y usando la inteligencia”. En este sentido, tanto Tamar como
Rajab, Rut y Betsabé demuestran que también ellas, como mujeres, pertenecen al
pueblo de Dios.
En la historia del cristianismo,
después de un comienzo con igualdad de derechos, rápidamente se colocó a la
mujer en un lugar subordinado, secundario, de servidora; dependiente de los
hombres jerarcas administradores del poder y de sus maridos. Se les prescribió
lo que podían y debían saber. Los textos elegidos para el desarrollo de este
tema son significativos.
Estos textos pertenecen a nuestra
tradición en el sentido de que forman parte de la Biblia. Pero no pertenecen
a nuestra tradición en tanto en cuanto no entran en la herencia de lo que se
transmite, no son contados, no se hace memoria de ellos, no se presentan en el
servicio religioso ni siquiera marginalmente. Pero esta tradición eclesial va
en contra de Mateo que sitúa en un lugar prominente a las mujeres con
comportamientos no convencionales y que presentando a la cananea anónima ha
propuesto una de los personajes bíblicos más interesantes: una mujer que
discute con Jesús y se lleva la razón. ¡Gana! ¡Qué ejemplo!.
(Extractado de “Espiritualidad Bíblica y
Mujeres fuertes”, en P. de Miguel (ed.) (2006): Espiritualidad y fortaleza
femenina. Bilbao, Desclée De Brouwer.)