Cerca de Burgos, se encontraba un lugar de esparcimiento para los reyes de Castilla, que Don Alfonso VIII transformó en monasterio de monjas cistercienses pertenecientes a la nobleza, y al que le le conoce por Monasterio de las Huelgas, donde los estilos románicos y góticos se entrelazan, además de sus dos capillas mudéjares.

Antes de llegar al monasterio de Silos, se halla el de Covarrubias, donde se haya el sepulcro de Fernán González. El monasterio de Silos, tenía gran fama como foco de cultura, pues contaba con una enorme biblioteca, que contenía además códices visigodos, más una buena farmacia. Este monasterio de Silos, tiene además sus propias peregrinaciones y muy pocos dejan de ir a visitar la tumba de Santo Domingo, que se encuentra en un portentoso claustro románico primitivo, cuyos capiteles relatan los problemas de la época.

El Abad de Silos tenía fama de redimir cautivos, por lo que muchos que estaban en esa situación lograron su liberación, y al regresar a tierras castellanas, se dirigían al sepulcro del santo en acción de gracias. Históricamente, el monasterio se remonta a tiempos visigodos, como lo muestran inscripciones y capiteles, así como los restos de una capilla. Este monasterio, que restauró el fundador de Castilla, el conde de Fernán González y que más tarde engrandeció el rey Fernando I, cuando llegó allí el que sería nombrado desde su muerte Santo Domingo de Silos, Abad del monasterio de San Millán de la Cogolla, de regla benedictina, que tuvo serias diferencias con el rey de Navarra, Don García, que le obligaron a abandonar su monasterio de San Millán y refugiarse en Castilla, en Silos, bajo la protección del rey castellano. Estas diferencias fueron a causa de que el rey de Navarra, que pedía tributos para los gastos de sus batallas, pedía tributos a ciudades, villas y monasterios, y llegó a exigir a los monjes le diesen las joyas donadas por los fieles a lo que el prior Domingo se opuso, por lo que el rey montó en cólera y lo expulsó de Navarra.

De los labrados románicos, es de destacar el de la galería Norte, con su bajo relieve de los discípulos de Meaux, porque es una representación de Jesucristo peregrino. Así, el artista medieval, fundía una interpretación del Evangelio de San Lucas y la idea de que Jesús se presentaba a los peregrinos, para socorrer o probar a los hombres. Por eso se le ve en el bajo relieve con vestiduras, bordón y bolsa de peregrino de Santiago, según el uso de la época.

La ruta de peregrinación jacobea, continuaba desde Burgos a Frómesta, que ahora se llama Frómista, con su iglesia de San Martín, de la segunda mitad del siglo XI, donde hubo un monasterio románico fundado por Doña Mayor, que se retiró a este lugar los últimos años de su vida y le donó sus bienes en 1.206.

En esa iglesia podemos ver, un famoso capitel con una alegoría de la vida y de la muerte que debió hacer meditar a muchos peregrinos y aún hoy nos deja suspensos su contemplación. También vemos una gran talla bizantina de Cristo en el altar mayor iluminado con una lámpara del siglo XI.

Desde este pueblo, los peregrinos solían ir a visitar una iglesia en Valdespina y en el pueblo siguiente del camino, Sahún, se refugiaban en la hospedería que fundó el abad Don Julián en el monasterio construido en tiempos de Alfonso III el Magno, que donó los terrenos a los monjes de San Benito, más el primitivo monasterio quedó destruido en una de las razias de Almanzor, más la protección de Fernando I, le vuelve a dar vida y posteriormente con la ayuda del rey Alfonso VI y su esposa Doña Constanza, la cual consiguió que se instalara allí un abad de la Orden de Cluny. Posteriormente, aumenta su auge que culmina con la creación de una especie de universidad. Allí se enterraron los restos de Alfonso VI y sus esposas sucesivas: Constanza, Berta y la mora Zaida, que fue bautizada con el nombre de Isabel, con la cual tuvo su único hijo varón, Don Sancho, muerto en la batalla de los Siete Condes contra los almorávides.
(continuará)
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