EL RASTRO DE LA LANZA DE LONGINO

A lo largo de la historia, numerosas lanzas han sido identificadas como la lanza del soldado Longino. Por ejemplo, en el vestíbulo del palacio del Vaticano, se encuentra la empuñadura de una de éstas, aunque la iglesia no se ha pronunciado sobre su autenticidad. Otra lanza se encuentra en Cracovia y otras tantas andan dispersas por catedrales y museos europeos. Pero hay una, que fue estudiada con mayor detenimiento, aunque tampoco es total la certeza de su autenticidad. Se trata de la que se exhibe en el museo de Hofburg de Viena. Es una lanza de hierro, con una filada punta de 50 cms. De largo, sostenida por rebordes de metal. En una abertura central, se ubica un clavo asegurado con alambre. Cruces doradas se esparcen en la base de la hoja y en una banda dorada se lee: “Lancea el clavus Dominus (la lanza y el clavo del Señor)”.
Esta lanza, posee una misteriosa leyenda, ya que se la lmam a Heilige Lance (la lanza del destino), ya que se espera de ésta, un destino de gloria y poder para el que la posea. ¿Se trata de la verdadera lanza de Longino?. Se ha rastrado su pasado histórico al menos hasta el reinado de Otón el Grande, en el siglo X, quién según consta en la historia, efectivamente la poseyó.
Si ésta fuera la verdadera lanza del centurión romano, su raíz, según algunos investigadores, hubiera comenzado por el rey Herodes, para luego pasar por Constantino y Teodosio el Grande, el rey bárbaro Alarico y el visigodo Teodorico el Grande. En el año 732 d.C., Martel derrotaría con ella a los musulmanes en la batalla de Poitiers, y Carlomagno la usaría para combatir en decenas de campañas sin ser vencido. Este militar, había fundado su dinastía sobre la base de esta lanza y del destino del mundo asociado a ella.
Luego de los carolíngios, en Alemania se sucedieron varios emperadores, como el mencionado antes Otón el Grande. La primera versión escrita sobre la posesión de la lanza en Hofburg, aparece en la crónica sajona de la batalla de Leck en Austria, en la que Otón venció a los mongoles, por ello se considera a este emperador germánico, como el primer poseedor de la lanza del destino.
Sus participaciones posteriores a Otón, se conocen con certeza, y fue poseída por los siete Hohenstauffen de Schwaben, incluyendo a Federico Barbarroja y Federico II. Este último, apreció la posesión del poderoso talismán, como centro de su vida política y militar. La lanza, finalmente, fue guardada en la Casa del Tesoro de los Habsburgo en Hofburg.
No muchos dieron crédito a la leyenda del poder de la lanza, solamente Napoleón la reclamó después de la batalla de Austerlitz, pero no pudo obtenerla porque había sido trasladada para su resguardo. Hoy se rechaza la hipótesis de que la lanza de Hofburg fuera la que empuñara Longino y ha sido publicado recientemente, un estudio metalúrgico en el que se la data del periodo carolíngio (siglo VIII) y no de la época imperial romana. La lanza de Hofburg, guarda en su memoria sangrientas batallas, invasiones y abusos, pero quizás en el siglo XX, su participación alcanzó los mayores visos de tragedia.
(continuará)

Copyright. Orden del Temple