Jesús, llevando Su cruz, salió para ir al llamado “lugar de la calavera”. Allí le crucificaron y con Él a otros dos, uno a cada lado. Junto a la cruz de Jesús, estaba Su madre y la hermana de Su madre, María, esposa de Cleofás y María Magdalena. Cuando Jesús vio a Su madre y junto a ella al discípulo a quien Él más quería, dijo a Su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Desde entonces, aquel discípulo la recibió en su casa. Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido y para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí una jarra de vino agrio. Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús bebió el vinagre ácido y dijo: “Todo está cumplido”. Luego, inclinó la cabeza y murió.
(Juan 18, 1-19, 42)
MEDITACIÓN
Con los discípulos, huyo del peligro de morir;  con Pedro, huyo aterrado; con los sacerdotes te juzgo; con Juan, te sigo apesadumbrado; con Tu madre, te miro ahogado en el dolor, pero de pie, y con Nicodemo, de noche, cuando la voz de la muerte ha dicho su palabra, te ofrezco un espacio donde puedas descansar. Mi amor por ti, Señor, es así, lleno de altibajos, de inconsistencias. Ahora espero tu Resurrección, para decirte que Tu me conoces y que te amo como yo soy capaz. Y sé que me crees.
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