En aquel tiempo, escogió también el Señor a otros setenta y dos y los mandó delante de Él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir. Les dijo: “Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros pocos. Por eso, pedidle al dueño de la mies que mande obreros a recogerla. Andad y ved que os envío como corderos en medio de los lobos. No llevéis bolsa, ni monedero ni sandalia, y no os detengáis a saludar a nadie en el camino. Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: Paz a esta casa. SI en ella hay gente de paz, vuestro deseo de paz se cumplirá, si no, no se cumplirá. Y quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan, pues el obrero tiene derecho a su salario. No andéis de casa en casa. Al llegar a un pueblo donde os reciban bien, comed lo que os ofrezcan y sanad a los enfermos del lugar y decidles: El Reino de Dios ya está cerca de vosotros”.
(Lucas 10, 1-9)
MEDITACIÓN
Mies y obreros. Gracia y libertad. Dios y nosotros. El Reino, la nueva civilización es posible sólo gracias al esfuerzo humano que Dios multiplica. No todo de mi, ni todo de Él. Esta es la actitud de Dios que quiere salvar al mundo contando con tus manos, tus pies, tu boca y sobre todo, tu corazón. Él engrandece tu vida al hacerla instrumento de Su Reino.
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