Jesús estaba expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre. Cuando el demonio salió, el mudo comenzó a hablar. La gente quedó asombrada, aunque algunos dijeron:” Belcebú, el jede de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos”. Otros, para tenderle una trampa, le pidieron una señal milagrosa del cielo. Pero él, que sabía lo que estaban pensando, les dijo: “Todo país dividido en bandos enemigos, se destruye a sí mismo y sus casas se derrumban una tras otra. Así también, si Satanás se divide contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su poder?. Digo esto, porque afirmáis que Yo expulso a los demonios por el poder de Belcebú. Pues si Yo expulso a los demonios con el poder de Belcebú, ¿quién da a vuestros seguidores el poder para expulsarlos?. Por eso, ellos mismos demuestran que estáis equivocados. Pero si Yo expulso a los demonios por el poder de Dios, es que el Reino de Dios ya ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida de su casa, lo que guarda en ella está seguro. Pero si otro más fuerte que él llega y le vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes como botín. El que no está conmigo, está contra Mi, y el que conmigo no recoge, desparrama”.
(Lucas 11, 14-23)

MEDITACIÓN

Aquellos que hacen la voluntad de Dios, sea cual sea su religión, raza, nación o condición, son los amados de Dios y nuestros compañeros en el camino y no debemos rechazarlos porque son la familia de Dios.

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