Estando Jesús en Su pueblo, se presentó un leproso; al ver a Jesús, cayó en tierra y le suplicó: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, sé limpio”. Y en seguida le dejó la lepra. Jesús le recomendó que no dijera nada a nadie y añadió: “Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para darles testimonio”. Se hablaba de Él cada vez más y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de sus enfermedades. Pero Él solía retirarse a despoblado para orar.
(Lucas 5, 12-16)

MEDITACIÓN

Señor, tú tienes el poder de curar enfermedades y perdonar todos los pecados, y no quieres que sea sólo una relación directa del pecador, sino que delegas en los sacerdotes el poder de perdonar los pecados e imponer la penitencia. Te veo a tí, Señor, gracias a mi fe.

Orden del Temple, 2.013