Autor: Hno. C.O.+
El presente trabajo es acerca de la primera parte del Sermón de la Montaña que diera “Jesús el Cristo” a sus apóstoles y otros seguidores.
Mi alma me llama a hablar de este sermón, pues en su lectura me siento confortado, como si Él mismo(Jesús) me hablara, o tal vez como si estuviese en ese instante viéndole y escuchándole decir estas palabras que estremecen mi corazón de maneras inimaginables, haciéndome comprender lo que tanto nos enseño…
A veces imagino que estoy o estuve ahí en otra vida, me emociona el sólo hecho de pensar que estuve tan cerca de Él, y así mi mente se pierde por instantes pensando en muchas cosas… 
Incluso pienso, el hecho de que si estuve ahí, que poco aprendí de Él o que poco le entendí como para estar acá, 2.000 años aproximadamente después,  aún tratando de encontrar mi esencia, de saber a plena conciencia que soy hijo de Dios, y como tal darme cuenta que todo cuanto veo a mi alrededor es parte de Él….
Todos somos uno con Él y por ello, estas palabras del Sermón de la Montaña, me dicen que acá está todo; aquí Él lo dice todo, claro como el agua…
Si de verdad queremos encontrar la felicidad plena, esta es la llave maestra que nos dio Él….
¡Tan ciegos y sordos estuvimos, tan poca inteligencia teníamos, tanto nos absorbió el mundo!, que terminamos matándolo de una manera tan cruel…
Pero, acaso ahora es diferente?.
Seguimos igual, el mundo nos sigue absorbiendo, somos separatistas, materialistas, matamos, violamos, robamos, seguimos normas impuestas sin siquiera meditar lo que hacemos o por qué lo hacemos, somos como borregos o monos, seguimos la corriente o imitamos al que impone la moda, actuamos inconscientemente, como máquinas repitiendo modelos impuestos por una sociedad que está en decadencia.
Creemos ser inteligentes, creemos ser creadores, nuestra tecnología es nuestro mayor orgullo. Pero si vemos el periódico o el noticiero, solo vemos lo que somos, en lo que nos hemos convertido, somos egoístas “todo para nosotros” que importa los demás.
No entendemos nada desde hace 2.000 años, estamos dormidos y no queremos despertar.
Hablo por todos ya que todos somos parte del problema, de lo que sucede en estos tiempos…
Pero no todo está perdido…
El Sermón de la Montaña
En un día de siega nos llamó Jesús, con otro núcleo más de amigos suyos, a subir a las colinas.
La tierra exhalaba sus aromas y estaba ataviada con su mejor manto, cual hija de un omnipotente rey en el día de su boda. El Cielo era el novio de la Tierra.
Y cuando hubo llegado al lugar más elevado se detuvo en medio de un bosque de laureles. En Su hermoso rostro había serenidad y paz. Y dijo:
-Descansad aquí y abrid las ventanas de vuestra mente; templad las cuerdas de vuestros corazones, porque tengo mucho que deciros.
Nos recostamos sobre la grama, rodeados por las rocas del estío. En medio de nosotros se sentó Jesús; abrió Su boca y derramó Su voz por aquellas sierras, y habló así:
 -Bienaventurados los buenos de Espíritu.
 “Bienaventurados los que no encadenan sus tesoros, porque ellos serán los verdaderamente libres”.
 Feliz es aquel que no tiene apegos materiales ni personales, pues de otra manera el hecho de que nos falte o no tengamos algo o alguien que “queramos”, solo nos causa infelicidad y dolor. Si nos roban o se pierden nuestras cosas, son solo eso “cosas” todo se compra, todo se consigue, lo material tiene solución, no les demos a las cosas más valor del que tienen. En cuanto a nuestros seres queridos y amigos, de igual manera, comprendamos que la muerte es sólo una etapa más de nuestra experiencia en el Universo, todos tenemos que dejar este plano y continuar en otro, es lo más natural, pero debemos ser conscientes de ello y meditar sobre esto, ya que podremos llegar a un mayor entendimiento de las cosas y la verdad absoluta que ya de por sí sabemos pero no recordamos. Entendamos que sólo estamos de paso por el mundo, no nos instalemos en él.
(continuará)
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