LA SAGA DE LOS ISRAELITAS

En el mundo antiguo, los gobernantes eran aclamados como dioses y mandaban enormes ejércitos, con el fin de crear grandes Imperios. Esos emperadores e Imperios, hacían historia para conquistar pequeños pueblos y así ir creando las grandes naciones. Una pequeña nación conquistada una y otra vez, fue la israelita y no ha habido en la historia, ningún pueblo con más probabilidades de ser olvidado, pero no era un pueblo corriente: Era el pueblo de la Biblia, el pueblo de Abraham, el primero en conocer al Dios verdadero; el pueblo de Moisés, el único hombre que se supone ha visto a Dios cara a cara; y el de David, guerrero, rey y adúltero.

La historia de los israelitas, impartió lecciones únicas sobre Dios y en manos de grandes rabinos como Guinel y personajes como Jesús de Nazaret, la Biblia de los israelitas cambió la forma en que los humanos entendían el bien y el mal; la forma en que debían tratarse unos a otros y por increíble que parezca, los israelitas tuvieron tanto impacto en la historia de la humanidad, más que cualquier Imperio que haya existido jamás.

JUNTO A LOS RÍOS DE BABILONIA

En el año 589 a.C., el pueblo de Judá, el último de los israelitas, luchó contra el rey babilonio Nabucodonosor. Éste respondió ordenando a sus tropas que arrasaran Jerusalén y destruyeran la posesión más preciada de las gentes de Judá: El Templo de Salomón. Luego Nabucodonosor, ordenó que ante el rey de Judea, mataran a sus hijos para demostrarle que su dinastía había llegado a su fin. Al fin fueron llevados todos los integrantes del pueblo al exilio en Babilonia.

Durante el viaje de 10.000 kilómetros que separaban su remoto país de Babilonia, el futuro de los hijos de Judea parecía muy oscuro. Solo unas cuantas generaciones antes, los israelitas del norte, habían ido al exilio y desapareció para siempre. Los hijos de Judea también parecían destinados a desaparecer, perdiendo para siempre la memoria de su existencia como pueblo. Su desánimo se captó en un poema del Libro de los Salmos: “Junto a los ríos de Babilonia, nos sentamos llorando recordando Sión, colgamos de los nísperos nuestras arpas, porque nuestros carceleros nos pedían que cantáramos una canción, pero, ¿cómo podemos cantar una canción del Señor en tierra extraña?”.

A pesar de su desesperación y de las pocas probabilidades a su favor, los judíos decidieron luchar para sobrevivir como pueblo, y llegaron a la conclusión de luchar no con lanzas y espadas, sino escribiendo un libro. Aprovechando cualquier momento libre, los grandes escribas de Judea, empezaron a reunir y escribir todas las historias de su pasado, que conservaban de sus antecesores. El texto que recopilaron, fue la primera parte del libro con mayor influencia en la historia de la humanidad: La Biblia hebrea.

La Biblia fue el primer libro, y se puede discutir si es una obra histórica buena o mala, más el señor Richard E. Friedman, autor de “¿Cómo brotó la Biblia?”, cree que es extraordinaria, para ser el primer intento, ya que fue la primera vez que los humanos escribían una historia así, que abarcaba tantas generaciones y es una maravilla que lo hicieran tan bien a la primera, y que su impacto haya perdurado tanto.

Los escribas se entregaron a lo que consideraban una misión sagrada, que era revivir las lecciones de la historia para sus compañeros en el exilio, para que entendieran por qué estaban en Babilonia y como podían volver a Jerusalén. Su libro era una guía de cómo debían vivir los exilados de Judea, no como una historia en sentido literal. Hoy en día, muchos escépticos se preguntan si las historias de la Biblia contienen algo de verdad, porque son ciertas en parte y en otras no, como dice el señor William Dever (arqueólogo). En otras palabras, los escribas bíblicos querían ilustrar los hechos y aclaran el significado tal como ellos lo entendían; y la gente actual, decimos que queremos saber lo que ocurrió en realidad. Para nosotros, escépticos o no, la pregunta suele ser si una historia no es verdadera en todos sus detalles, puede ser moralmente edificante, y la respuesta que damos es que SI.

La Biblia no tiene por qué ser cierta literalmente en todos sus detalles, para ser verdadera en otros muchos. Las historias contaban, que el padre de todos los judíos era Abraham, que nació en la ciudad de Ur, en Mesopotamia. Según el libro judío de la Tradición y la Ley (el Talmud), la gente del país de Abraham adoraba el cielo y cada ciudad adoraba a un cuerpo celeste distinto. El rabino Perry Setter, cuenta que el padre de Abraham, fabricaba y vendía figuras de ídolos a la gente, en la ciudad de Ur, pero Abraham (lo llamamos por su posterior nombre para entendernos, no el que tenía de joven), no podía aceptar las ideas religiosas de su padre. Hay una leyenda famosa que dice que cuando Abraham era un muchacho, su padre Erag, tenía una pequeña tienda llena de ídolos y un día dijo a su hijo: “Vigílame la tienda que voy a salir”. Cuando volvió, se encontró que todos los ídolos de la tienda estaban rotos menos el más grande, que tenía un bastón de madera en las manos. El padre dijo a Abraham: “¿Qué ha pasado?, te dejé al cuidado de la tienda”. Padre, contestó Abraham, no te enfades conmigo, éste Dios más grande, ha destruido a todos los demás. Dijo el padre: “¿Te has vuelto loco?, si son de madera y piedra” y Abraham le contestó: “Precisamente por eso, solo son madera y piedra”.
Y esta historia viene a decirnos, que el primero en afirmar que había un solo Dios en el Universo fue Abraham, porque Dios creó el Cielo y la Tierra y no al revés. Según las historias, cuando Abraham empezó a decir que había un solo Dios que regía el Universo, Él le dio una misión. Y el Señor le dijo: “Dejarás tu país, tu familia y la casa de tu padre, y te irás a un país que Yo te mostraré y lo convertiré en una gran nación. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y todas las naciones de la Tierra serán bendecidas a través de ti”.

(continuará)

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