Autora: Hna. M.R.+
Debemos tomar conciencia del poder que ejerce cada palabra que decimos, ya que éstas resuenan en el tiempo y quedan grabadas en el ambiente, en las cosas, en el aire, así como en los cuerpos sutiles y en nosotros mismos.  Cada palabra genera una reacción a nuestro alrededor, dependiendo de qué palabra se trate, es decir nos enfrentamos a una verdadera prueba y por tanto debemos ser muy cuidadosos con nuestro lenguaje. Es nuestra responsabilidad.
Debemos hacer que cada palabra que salga de nuestros labios sea una luz, algo digno de escuchar.  Si no podemos decir algo así por las circunstancias del momento, es preferible que nos mantengamos en silencio, pues la palabra debe ser dirigida hacia la luz y la verdad, de lo contrario nos envolverá el caos, la oscuridad y el mal, por tanto, es menester que erradiquemos de nuestro lenguaje toda palabra soez, ya que éstas contienen mucha negatividad y contaminan el ambiente.  Por el contrario, con cada palabra buena o dulce que digamos, habremos logrado que generen alegría, paz y mucho amor.
Es necesario que envolvamos en Amor en primer lugar todos nuestros pensamientos, de manera que cada palabra que pronunciemos luego tengan como requisito principal la caridad y la fraternidad y por tanto sean motivo de felicidad, unión y consuelo, para que su energía infinita se expanda por el universo.  Hay un refrán que dice: “La palabra debe contener la responsabilidad y serenidad de un adulto, la sabiduría de un anciano, la ingenuidad de un niño, la inocencia de un bebé y la ternura de una madre”.
Nuestras palabras deben edificar y su base debe ser sólida.  Esta base debe ser la espiritualidad, de manera que cada palabra fortalezca como lo hace el cemento.  Debe ser pura como el rocío, simple y bella como las flores y cristalina como el agua limpia de un arroyo de montaña, es decir, clara y directa, firme pero dulce a la vez, suave pero que sepa corregir de manera que ésta refleje la transparencia del alma, dirigida hacia un buen propósito, a fin que se refleje la esencia de Dios que llevamos dentro.
El responsable de desarrollar en nosotros “la palabra” es el quinto chacra principal de energía, el cual se ubica en la garganta.  La palabra es un maravilloso instrumento que debemos aprender a aprovechar ya que con la fuerza de su vibración se crea o construye, pero también se puede destruir, por ello pensemos antes de hablar y no emitamos energía sin sentido.  Emitamos luz con cada palabra que digamos de manera que ilumine nuestro caminar y si es posible el de los demás, seamos guías en la oscuridad, ejercitémonos en el hablar con un lenguaje positivo y si tenemos que hablar de algo malo o negativo procuremos hacerlo en pasado para ayudar a transmutarlo.
REFLEXION:
Sólo utilizaré el poder de la palabra para que ayude a mi corazón a sembrar semillas de Amor, Paz y armonía.
Antes de hablar, pensaré. Analizaré cada uno de mis pensamientos y si sólo mi corazón se siente inspirado, hablaré.
Recordaré en todo momento que mis palabras son un divino tesoro que pueden inspirar, estimular, dar fé, hacer sonreir, hacer ver la verdad, dar Amor.
Utilizaré este regalo siempre, incluso con los animales, plantas y cosas.
Desde ahora sólo diré lo necesario, lo trascendente, poniendo cada vez mayor atención a cada una de mis palabras.
Aprenderé a hablar con las voces de mi alma y mi corazón.
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