Autora: Soror J:G.++

 

CONOCER PARA AMAR

 Primero tienes que conocerte a ti mismo, conocer tu ponto flaco, lo que te causa las mayores dificultades en las relaciones de cada día. La experiencia te habrá enseñado qué es, pero no basta. Además – y créeme que no es fácil – hay que aceptar y descubrir lo que realmente eres a través de la experiencia de tus hermanos. Tú conoces tus intenciones, es cierto; pero, además, tienes que saber tus reacciones externas, la manera como te comportas con los otros y todo lo que crees expresar y no expresas. Este nuevo semblante tuyo lo conoces mal, y te costara trabajo aceptarlo; rara vez corresponderá a la imagen que te has forjado de ti mismo. Sin embargo, no habrá verdadera caridad posible si, además, de la conciencia de las dificultades personales que encuentras al abordar a los otros, no conoces también las que tienen los otros al abordarte a ti, a causa de cómo eres.

 Dos cosas hay en nuestra propia vida: el “sueño” y la “realidad”, mezclados con frecuencia. El sueño es lo que imaginamos: ideas falsas sobre uno mismo, falsas ilusiones, resistencia a aceptar a los otros como son, malos deseos sostenidos por una satisfacción imaginaria, necesidad de sentimientos diferentes de lo que no somos. Toda esta ruina imaginaria, estos sueños, nos hunden dentro de nosotros mismos. No se puede vivir sólo con uno mismo sin soñar, a menos que estemos con Dios.

 En cuanto a la realidad, nos cuesta trabajo admitir como es, puesto que nos obliga a aceptar la cruz y a abrirnos a otros. Es el mundo exterior, firme y sensible, con sus acontecimientos, duros o alegres; la vida, como se dice, y los otros, los otros hombres, tal y como son en realidad, de carne y hueso, y no como deberían ser, sino como son, con sus defectos y cualidades. Los otros, nuestros hermanos, constituyen la parte de la realidad que penetra hasta el fondo de nuestro ser. Abrirnos a ellos, ponernos en verdad en comunicación con ellos, es escaparnos del sueño y empezar a ser verdad. Soñar amar no es verdadero amor. “ No todo el que diga Señor, Señor, entrara en el reino de los cielos, sino el que haga….” Mt 7, 21.

 No te pares en un conocimiento superficial de tu hermano, sobre todo, si alguna de sus actitudes te son antipáticas o te causan irritación o nerviosismo. Naturalmente, fijas tu atención en sus defectos, y así no estas en disposición de apreciar sus cualidades. Ejercítate en descubrir las cualidades de alguien, sobre todo, cuando sus defectos son mas visibles. No hay hombre en el mundo que no merezca ser amado por alguna cualidad natural. Domina, como irracionales, las primeras reacciones  suscitadas en ti por los defectos exteriores de los otros.

(continuará)
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 Por ultimo, no olvides que debes mirar siempre a tu hermano con una mirada purificada y renovada por la fe. Esta actitud fundamental, que te hace ver en tu hermano alguien amado por Jesús y escogido por El, es importante no solo en los momentos difíciles, sino también para poner las cosas en su verdadero sitio.