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En el Templo de Oración, Luz, Paz y Energía, los hermanos de la Orden del Temple oran para ayudar a todo aquel que lo solicite ante cualquier situación personal y/o colectiva.

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Sendero Del Grial. Septiembre 2013
Publicaciones Orden del Temple - Senderos
Escrito por María de Aquitania   
Jueves, 03 de Octubre de 2013 00:00

A esta cita con las Fuerzas Espirituales de la Orden del Temple, han venido hermanos y hermanas de tierras lejanas, siendo acogidos en la Casa Madre para una de nuestras fiestas más importantes, que este año, han revestido una importancia y unos sentimientos singulares y han encontrado un eco profundo. Se han tratado muchos temas relevantes, que han nutrido nuestros espíritus con la fuerza incomparable que nos ha ocupado día a día.


Ser Templario hoy

Recordad hermanos y hermanas, que somos soldados del Cristo y María, y también somos monjes-soldados. Como monjes, debemos vivir en el mundo, pero a la vez retirados de él, pues pertenecemos al Cristo y no al mundo. El mundo odia a los discípulos del Cristo que están dedicados a la oración, al trabajo con la Palabra y al Rosario, en una vía de purificación y santificación. Como soldados, debemos asumir cada uno de nosotros, su parte del trabajo y de lucha en la estructura que le corresponda dentro de la Orden, pues el deber de un soldado es SERVIR.


Es muy difícil cumplir con estas obligaciones en el mundo de hoy, pero en esto, justamente, está el reto del Templario. Por una parte, debemos mantener un espíritu y un comportamiento de un monje-soldado en nuestra vida profesional. Recuerda una parte de nuestra oración: "Cada uno de nosotros, jura llevarla en todo momento (la túnica blanca) y respetarla con sus pensamientos, palabras y actos". Y por otra parte, reservar un tiempo y energías para el SERVICIO en la Milicia del Cristo, porque sin este servicio, el Templario sólo tendría el nombre pero le faltaría el Espíritu.


La vía Templaria de hoy, es mucho más dura que nunca, porque exige vaciarse del espíritu del mundo, aún siguiendo en el mundo. Este espíritu del mundo, intenta infiltrarse en el alma por múltiples canales: Familia, amigos, relaciones laborales, y un sin fin de deseos artificialmente creados por la sociedad moderna. Representa una lucha heróica e insostenible si no se tiene una verdadera y confirmada vocación. Por eso, muchos de los que vienen a la Orden del Temple, atraídos por los ideales de la Caballería Mística, pero sin la suficiente fuerza de voluntad y sacrificio para soportar las muchas pruebas que jalonan esta vía de fuego, acaban por abandonar la Orden desilusionados y muchas veces amargados, porque esta Alquímia, produce escorias y una selección radical. El Cristo nos exhorta a superar todas estas pruebas en los siguientes términos: "Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la Vida".


Los Templarios del medioevo, vivían en Encomiendas o Comunidades Templarias, aplicando rigurosamente sus votos de pobreza, castidad y obediencia y salían al mundo sólo para realizar misiones específicas. Los Esenios, otra etapa de la Milicia del Cristo, tenían una estructura mixta, que consistía en una Casa Madre, con los miembros totalmente entregados al servicio de la Orden y en familias implantadas en el mundo, trabajando y actuando según el espíritu y principios esenios. La Iglesia primitiva, también estuvo organizada según el estilo esenio.


Nosotros pensamos, que nuestra Orden debe inspirarse también en ese modelo, ya que es el único que favorece plenamente la vida espiritual, cuyos pilares son el Amor, la Unidad, el Servicio y la Comunicación permanente con lo Divino, además de otras misiones. Este tipo de Comunidad Esenio-Templaria, se corresponde perfectamente con los tres votos que figuran en nuestra Regla: Pureza, Disciplina y Desinterés por lo material, es decir, no apego. Estos tres votos, no son carga alguna para nosotros, sino virtudes que deseamos llevar al más alto grado. La Pureza, porque nos acerca a Dios, Espíritu Puro por excelencia. La Disciplina, porque nos hace soldados y nos acostumbra a la Obediencia, tan necesaria en el Sendero. El Desinterés o desapego a los bienes materiales de la Tierra, porque nos hace monjes y es la Ley fundamental en la Orden, el Non Nobis Domine.


En conclusión, ya ha terminado este Pasaje de San Miguel, intenso, lleno de espiritualidad, y ya estamos deseando el próximo de Epifanía, que Dios permita sea tan extraordinario como ha sido este. Todos, han estado presente en nuestras preces. Que Dios les bendiga.


Orden del Temple+++